El «Saludante y el Manganzón»

El «Saludante y el Manganzón», fueron dos estatuas monumentales ordenadas por el gobierno del General Antonio Guzmán Blanco, luego de que se decretara la erección del monumento del Libertador para la Plaza Bolívar.

El Saludante (una estatua ecuestre del Ilustre Americano) se colocaría frente al Congreso de la República (entre San Francisco y La Bolsa) y debía saludar con su sombrero al templo de las leyes.

El Manganzón fue encargado por la ciudad de Caracasy consistió en una estatua pedestre (de pie) de Guzmán, de magnitudes colosales, que fue colocada en El Calvario. La posición de Guzmán, cuyo puño estaba apoyado en una pilastra, hizo que el populacho la llamara con ese nombre, con el que pasó a la Historia.

Las estatuas fueron diseñadas por Joseph-Alexis Bailly y fundidas por Robert Wood en Filadelfia, Estados Unidos. Ramón Bolet Peraza, notable artista de la época, fue el comisionado del gobierno para la ejecución y supervisión de las obras.

Después que Guzmán abandonó la presidencia, en 1877, el pueblo no perdonó el auto enaltecimiento y el gasto superfluo del erario público por parte del Ilustre Americano. Una serie de artículos en la prensa, escritos por Nicanor Bolet, hermano de Ramón Bolet Peraza, hicieron que una turba enardecida tumbara ambas estatuas el 22 de diciembre de 1878. Las estatuas se demuelen definitivamente, a pesar de que habían sido re erigidas, en 1889, al no más caer Guzmán. Los fragmentos que exhibe la Fundación John Boulton son una muestra más de lo efímeros que pueden ser los símbolos del poder.

El Saludante

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