La Linterna Mágica (1900) fue un periódico que incursionó en el humorismo venezolano bajo la dirección de Maximiliano Lores [1], conocido por seudónimos como MAX o Zorel, entre otros.
Lores, quien se desenvolvió como militar, electricista, telegrafista y periodista, dotó a la publicación de dimensiones ambiciosas, demostrando el alcance de las ocurrencias periodísticas en un contexto que no favorecía la crítica social. El periódico surge en vísperas del mandato de Cipriano Castro, dentro de una herencia política de intentos republicanos que buscaban la modernización del país; sin embargo, dicha visión de “progreso” obviaba la agencia de las mujeres en la vida política, económica y social.
Es aquí donde La Linterna Mágica nos ofrece imágenes, mediante las caricaturas y algunos extractos de su editorial, sobre cómo era apreciada, considerada y tratada la mujer. Desde ese “humor epispástico” —un juego de palabras que nos orienta a una lectura minuciosa—, se arrojan miradas poco agradables de la sociedad venezolana del momento; tal vez nos muestra una lectura incómoda que pone en tela de juicio aquello que podía ser “aceptable”, a los ojos de la época. Quizás, incluso, el término “humorístico” fue una forma de camuflar la crítica social; sin embargo, hay un artículo en especial que llama la atención porque, más que una crítica, forma parte de la línea editorial sobre cómo debería ser el comportamiento de las mujeres, pero antes de exponerlo, me gustaría que recordemos el contexto de este momento en concreto.
1900: Mujeres visibles para el deber, invisibles para el derecho
Para finales del siglo XIX se encontraba vigente la Constitución de los Estados Unidos de Venezuela de 1896, junto con el Código Civil de 1893. Ambos cuerpos normativos respondían a nociones de república que seguían concibiendo a las mujeres como madres de ciudadanos, pero no como ciudadanas.
Desde el propio lenguaje jurídico, las mujeres quedaban excluidas de los procesos políticos, mas no de sus deberes como esposas. Resulta revelador que, mientras el lenguaje legal solía definir al «hombre» como la totalidad del espectro humano para referirse a derechos, se empleaba un lenguaje que identificaba claramente a las mujeres —no como una totalidad, sino como una parcialidad diferenciada— al momento de señalar sus obligaciones o deberes, reflejando una visión institucional que definía su papel supeditado en la sociedad de la época. Es una notable discriminación —que sería impropio, a la luz de la reflexión, manifestar como propia de su época, sino más bien como propia de las desigualdades estructurales de la época, cuestión que es distinta—.
Para entender que la postura sobre la participación de las mujeres en la vida politica — más allá del matrimonio y la familia— no era unánime ni carente de debate, cabe resaltar que intelectuales como José Gil Fortoul, en su obra Filosofía constitucional (1890), ya realizaban una crítica a la no participación de las mujeres en el voto directo y secreto, así como a la reducción de sus capacidades participativas dentro de la república. Esto evidencia que existía un pensamiento crítico en torno a la situación, mostrando las tensiones internas y globales alrededor de la participación de las mujeres en la vida pública.
A la luz de lo mencionado, las instituciones religiosas difundían propaganda sobre cómo debían comportarse las mujeres: como devotas, esposas y madres. Para finales del siglo XIX persistía la idea de la “maldad femenina” y del poder que las mujeres podían ejercer sobre el género humano, tal como lo expone Elías Pino Iturrieta en su obra Ventaneras y castas, diabólicas y honestas (2009). Allí se observa la presencia simultánea de una normativa religiosa, de la jurisprudencia y de una carga transfronteriza que insistía en delimitar el lugar social de las mujeres.
Una vez que hemos recordado esta breve parte de la historia venezolana, retomamos el periódico La Linterna Mágica. Este muestra a las mujeres como grandes protagonistas: aparecen como sujetas sociales, tanto en el ámbito familiar como en el público. Desde la mirada de caricaturistas como Lumet, Zolet, Man o Max, se construye la imagen de una mujer pública que participa en la vida social. El periódico mostraba esta presencia desde el logotipo, en secciones literarias dirigidas específicamente a ellas —como Cuentos para Damas— y en caricaturas que revelaban un marcado interés por las relaciones sociales en torno a la convivencia.
En sus páginas se mostraba el revés de quienes no seguían el camino del matrimonio: mujeres que comenzaban a incorporarse al sector laboral, como las cigarreras. En paralelo, las caricaturas retrataban a las jóvenes principalmente bajo la óptica de su destino conyugal; se señalaba cómo la soltería era motivo de cuestionamiento, mientras que las aspirantes al matrimonio evidenciaban que —ya fuera por amor, interés o supervivencia— el casamiento se concebía, ante todo, como una cuestión de estatus.
En ese sentido, el 26 de enero de 1900, se describía en La Linterna Mágica al matrimonio como una gestión burocrática marcada por el exceso de sellos y estampillas, al punto de parecer la labor de un coleccionista: “Los jueces, los secretarios, los escribientes, los porteros, los curas, los monaguillos, todos solicitaban sellos y estampillas”. El autor de la nota Matrimonio y la Instrucción Pública confesaba que se arrepintió de haberse casado, al encontrarse una tarde sin nada que hacer y decidir iniciar el trámite, enfrentándose luego a esta maraña de requisitos y formalidades.
Anteriormente, comentaba sobre un artículo en particular que despertó mi curiosidad y motivó la profundización en este periódico: una reseña de la obra de Pan-Hoei-Pan, titulada Educación de la mujer. La autora, considerada la primera historiadora de China, vivió entre los años 45 y 116 d. C., durante la dinastía Han. El texto de Pan-Hoei-Pan (conocida también como Ban Zhao) al pasar el tiempo, fue reseñado en la revista madrileña El Correo de la Moda (1853); es posible, a manera de hipótesis, que a partir de esta divulgación —al ser traducido su pensamiento al español— se expandiera a otros territorios, manteniendo su vigencia.
Curiosidades: Pan-Hoei-Pan la primera historiadora de China mencionada en La Linterna Mágica
En el número 5 de La Linterna Mágica apareció un extracto de su célebre tratado “Educación de la mujer”, donde la autora reconoce las desigualdades a las que estuvo sometida por su «condición» de mujer; desigualdades que, finalmente, acepta como parte de un orden considerado «natural» en su época.
«A los catorce años —dice Pan Hoei Pan—, pasé de la casa paterna a la de Tsao-Cheou, escogido por mis padres para ser mi esposo. No llegué a la edad de treinta años, que hoy cuento, sin adquirir la experiencia de muchas cosas y conocer las obligaciones impuestas a esa mitad del género humano que, por naturaleza, se halla sometida a la otra..
En cuanto estuve en la mansión paternal, me mostré dócil a los consejos que recibía y puse gran cuidado en aprovechar las lecciones de los que me dieron el ser, en la seguridad de que todas ellas se dirigían a mi felicidad venidera. Así, ya siendo mujer, cuidé de aprender mis deberes…»
Pan-Hoei-Pan sintetiza las cualidades que hacen “amable” a una mujer en cuatro aspectos: virtud, palabra, figura y acciones.
- La virtud: debía ser perfecta y constante; la mujer debía mostrarse dócil y honesta en todo momento.
- La palabra: debía ser medida y usada con oportunidad. Si poseía instrucción, no debía ostentarla ni presumir de erudición.
- La figura y las acciones: se relacionaban con la modestia y el decoro. “La vanidad, pasión común en nuestro género, produce gran perjuicio; así, nos desagrada ver la vanidad que subyuga a la mujer, y la hace insoportable cuando exige el acatamiento de las personas que la rodean”
- El deber doméstico: subrayaba la importancia de que la mujer no practicara actividades que desagradasen a su esposo. El cuidado del hogar era su deber fundamental, permitiéndole otras ocupaciones solo si no interferían con este rol.
Este artículo permite identificar, posiblemente, una intención de atraer al público femenino mediante escritos orientados hacia ellas, redactados por una mujer para mujeres. Asimismo, su aparición en La Linterna Mágica se suma al mapeo de los manuales que circulaban en la época, los cuales dictaban el comportamiento de la mujer en singular, omitiendo sus propias singularidades.
Las Caricaturas en La Linterna Mágica
Encontramos caricaturas e ilustraciones publicadas de forma independiente o integradas en secciones como ‘Frutas y Flores’ o ‘Misterios del Hogar’. Generalmente, en la primera participaba Zorel y en la segunda Lumet (Luis Muñoz Tébar), quienes mostraban abordajes distintos de lo doméstico, resaltando aspectos relacionados con la mujer en los ámbitos familiar, íntimo y social.
Tras la revisión de aproximadamente 50 números del periódico La Linterna Mágica, he organizado quizás algunos temas de interés sobre la cotidianidad de las mujeres presentes en este discurso gráfico.
- La trayectoria antes y después del matrimonio.
- La preocupación por casarse.
- Las que no se casan: el juicio sobre el aspecto físico.
- Las suegras.
- Los cambios durante la convivencia.
- «Lo que les interesa a ellas» (según la visión de la época).
- «Hay que perdonarlos»: la resignación femenina.
- Los celos.
- Las mujeres en el mundo laboral: el caso de las cigarreras.
- Las mujeres en el espacio público.
Estos temas, analizados a través de las caricaturas (que invitamos a revisar a continuación), revelan el lugar simbólico que los creadores —influenciados por sus contextos o vivencias— le otorgaban a la mujer. En su búsqueda por retratar una realidad, mostraban la aspiración femenina por obtener estatus social mediante el matrimonio; al no lograrlo, las caricaturas situaban a la mujer bajo estándares de belleza que juzgaban la edad —asumiendo que a mayor juventud, mayores eran las posibilidades de encontrar pareja— y una visión estética donde prevalecía la delgadez. Asimismo, se exageraban rasgos étnicos, especialmente aquellos asociados a mujeres indígenas o afrodescendientes, con el fin de ridiculizarlas. Cuando se consideraba que la mujer no cumplía con su rol de esposa, el ejercicio de la violencia del marido sobre ella era presentado bajo la figura de un «correctivo».
También se presentan diversas alusiones a la figura de la suegra, representada como un ser hostil, vengativo y con una presencia constante y agobiante en el hogar. Asimismo, se abordan los dinamismos amorosos entre hombres y mujeres no regidos por el matrimonio bajo el papel del amante, así como las situaciones de las mujeres desconsoladas por las infidelidades. Se destaca la presión social sobre lo imperioso de perdonar a los esposos o, en contraste, la reacción física de darles de «paraguazos» al sorprenderlos en situaciones de intimidad con la joven encargada del cuidado de los niños. Finalmente —en esta entrega— se retrata la vejez como una cuestión de fealdad, descuido y miedo.
Galería de ilustraciones y caricaturas
[1] Olga Santeliz Cordero. Lores, Maximiliano, Biblioteca Digital Fundación Empresas Polar, https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org
Fuentes:
La Linterna Mágica (1900-1901). Redactor Maximiliano Lores, pp. 1-4, enero 1900 – febrero 1901. Hemeroteca de la Fundación John Boulton.
FUNDACIÓN EMPRESAS POLAR
Santeliz Cordero, Olga, Lores, Maximiliano, Biblioteca Digital Fundación Empresas Polar, https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org

























