La Caracas moderna según Fantoches: cultura, escándalo y carnaval

La Galería Rotativa de la prensa venezolana abre paso a una nueva exposición. Puedes echar un vistazo a la vida cultural caraqueña de comienzos del siglo XX a través de Fantoches, un semanario de humor que nos presenta una particular manera de comunicar y de reírnos, dejando ver las preocupaciones, asombros y contradicciones que recorren el imaginario de una época clave para entender cómo llegamos a ser lo que somos. Te invitamos a visitar el Museo de la Fundación John Boulton y pasar una mañana agradable en un encuentro con nuestra historia.

Entre 1923 y 1933 el semanario humorístico Fantoches será una ventana de la vida cultural caraqueña en un momento clave para entender el tránsito a eso que llamamos modernidad. La economía petrolera transforma en una abrir y cerrar de ojos la sociedad venezolana como un espejismo en el que de pronto nos vemos incorporados, o más bien, un espejismo que nos lo apropiamos para rehacerlo a nuestra manera. Incorporamos ahí las tensiones heredadas de una historia de violencia y guerras continuas, hasta la “mamadera de gallo” que nos enorgullece como seres que enfrentan las dificultades un sentido del humor estratégico e indoblegable.

En este camino, las ciudades sustituyen a las haciendas como la base dinámica de la economía, a la vez que descubrimos una forma de ser urbana y articulada a la cultura internacional, particularmente a la que tiene como epicentro a Estados Unidos -a los que empezamos a conocer como “yankees”-como protagonistas de la economía petrolera. Al mismo tiempo que exportamos el líquido viscoso, recibimos un nuevo caudal de productos manufacturados y productos culturales que aparecen en esta exposición de Fantoches:

-Llega la “moda moderna” a través de las imágenes en movimiento que se reflejan en la íntima oscuridad de la sala de cine, en donde se encuentra las parejas jóvenes y se desenvuelven los amoríos fugaces.

-Aparece el ruido urbano y la propaganda comercial como sonido del progreso, en donde se abre paso el beisbol como un espectáculo de masas que se traslada del campo petrolero a las ciudades y sus nuevos estadios.

-La vivienda y los alquileres se ubican en el primer plano del conflicto social como una disputa por el acceso a la ciudad, a la vez que anuncia la construcción expansiva de nuevas urbanizaciones.

-Una de las instituciones más comprometidas es la del matrimonio tradicional y la correspondiente autoridad del marido, pues las mujeres encuentran en los empleos modernos o en la dinámica vida cultural un escape al encierro doméstico y una vía hacia su autonomía

-El cuerpo femenino es el rostro de la publicidad al mismo tiempo que el principal objeto de críticas satíricas por las modernas faldas cortas, el consumo de cigarrillos o el corte de cabello corto “a la garçone”. Es por ello que los autores masculinos de Fantoches pegan un grito al cielo y acusan  una “masculinización” de las mujeres, que amenaza con invertir los roles sociales y arrojarlo todo a la incertidumbre.

-Esa “inversión” de los sexos tiene su momento estelar en los carnavales, espacio predilecto para que hombres y mujeres se disfracen del sexo opuesto, se disuelvan las jerarquías y se desparrame sobre las calles el goce contenido durante el año bajo el resguardo de las máscaras. Después de todo, es el carnaval de 1928 el punto de partida del declive de la dictadura de Juan Vicente Gómez, en donde la generación que crece entre la transformación urbana, los empleos asalariados y la cultura moderna, empuja un cambio de época.

Aunque durante la dictadura la prensa está controlada y toda expresión crítica es aplacada, a través del humor podemos encontrar los dardos punzantes que buscan evadir la mirada de la censura. Tan sólo unos días después de los acontecimientos de la generación del 28, Luis Amitesarove publica en Fantoches un artículo llamado “Motivos de Carnaval” en el que afirma con entusiasmo:

¡Es la democrática fiesta: reina el humano, el poliforme, el nivelador dios de la locura” ¡Y los cascabeles tocan aleluya! ¡Es claro: en estos días, tras de luchas infinitas, todos llegan a ser lo que desearon!

Fantoches es dirigido por Leoncio Martínez (LEO), luego en 1933, Francisco Pimentel (JOB PIM) se une a la dirección. Sin embargo, ese mismo año el semanario es cerrado por la censura gubernamental, para luego volver a abrir en 1936 en un nuevo contexto político y social. En Fantoches publican caricaturistas, narradores del llamado criollismo, del emergente realismo social o crónicas humorísticas de anécdotas medio reales medio ficticias. Se trata de un espacio de la vanguardia literaria, que a su vez se mofa del “vanguardismo” como una de las modas modernas que nos ata a la sociedad moderna.

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