Humor, prensa y mujeres en el siglo XX venezolano con María Soledad Hernández

La entrevista realizada a María Soledad Hernández el 5 de septiembre de 2025 forma parte de mi investigación sobre la «Representación de las mujeres en Venezuela a comienzos del siglo XX a través de la prensa: caso encuestas del diario Pitorreos (1918)» y el humor en el periodo de Juan Vicente Gómez.

María Soledad participa en el Instituto de Investigaciones Históricas «Padre Hermann González Oropeza» y es profesora en las Escuelas de Comunicación Social, Filosofía y en el Doctorado en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Su trayectoria como docente y académica ha estado marcada por una sensibilidad particular hacia los documentos históricos, especialmente aquellos que ella llama con afecto los papeles amarillos, en referencia a la prensa escrita.

A través de su guía generosa y rigurosa, María Soledad nos ha enseñado a mirar esos textos no como simples registros del pasado, sino como huellas vivas que nos interpelan, que nos invitan —en palabras de ella— a sentirnos “picaditas por el gusanito de la curiosidad”. Su forma de leer la prensa, de notar sus silencios y sus énfasis, nos ofrece una mirada profunda sobre la forma en que debemos aproximarnos a estos documentos para comprender lo que significan en su contexto.

Parte de este seguimiento se realizó en el Museo John Boulton y vía telefónica.

¿Qué funciones cumplía el humor político en los periódicos de oposición durante el gomecismo?

Para los gobiernos autoritarios, el humor nunca ha sido cómodo. Mucho menos en los primeros años del siglo XX, cuando los llamados “chácharos” no solo gobernaban, sino que mandaban —porque gobernar es una cosa, y mandar es otra muy distinta. En ese contexto, dos periódicos humorísticos marcaron una diferencia: Pitorreos, sin caricaturas, y Fantoches, con ellas. Ambos lograron, desde estilos distintos, construir una crítica aguda a la realidad venezolana.

En Pitorreos, el humor y el sarcasmo de Francisco Pimentel —conocido como Job Pim— se convirtieron en herramientas de denuncia. Sus versos y textos lograban transmitir una crítica que fue perfectamente comprendida por el régimen. Tanto así, que Pimentel fue encarcelado en la temida Rotunda, y según testimonios de su hermana Cecilia Pimentel, nunca volvió a ser el mismo tras salir de prisión. Ella misma atribuye su muerte prematura al sufrimiento vivido allí.

La Rotunda, símbolo del castigo político, no necesita descripción para entender el dolor que representó para quienes se atrevieron a cuestionar el poder. Sin embargo, desde el margen, desde el humor, desde el seudónimo, estos autores dejaron testimonio. No tuvieron licencia para denunciar abiertamente las falencias del país, pero lograron construir un archivo simbólico que revela los contrastes de una Venezuela que danzaba entre la riqueza petrolera y la miseria social.

En Fantoches, Leoncio Martínez —Leo— se convirtió en caricaturista, humorista y cronista de su tiempo. A través de estereotipos como Juan Bimba, Pinocho y su perrito Petitpois, representó las desventuras de un país fracturado. Su obra se divide en dos etapas: de 1923 a 1932, y de 1936 a 1941. Aunque algunos mencionan publicaciones hasta 1942, ya para entonces Martínez estaba gravemente enfermo y no participaba activamente.

Tanto Leo como Job Pim hicieron crítica social y económica. Aunque no pudieron representar físicamente a Juan Vicente Gómez ni a sus esbirros, sus obras mostraron el horror del país, sus contradicciones, sus silencios. A través del humor, construyeron una forma de resistencia, una manera de narrar lo indecible, y de dejar constancia de una sociedad que, incluso bajo censura, supo burlarse de sí misma.

En la prensa venezolana de inicios del siglo XX, ¿qué formas de participación tuvieron las mujeres? ¿Podría mencionar algunas figuras relevantes que considere valiosas para investigaciones sobre representación femenina, memoria crítica o vida cotidiana?

Te puedo comentar que la mujer va a ser la gran protagonista tanto en Fantoches como en Pitorreos. Quizás de una forma diferente en cada uno de estos periódicos. También hay otros periódicos, como El Constitucional. El Constitucional es un periódico oficial, al igual que El Nuevo Diario. Allí vamos a ver representada a la mujer. Por eso afirmo con certeza que es una gran protagonista.

En algunos casos, como en El Constitucional o El Nuevo Diario, la representación femenina aparece principalmente en la publicidad. Desde 1870, con La Opinión Nacional, la mujer está presente en la prensa a través de la publicidad, porque es la imagen que, desde el punto de vista del mercadeo, vende. Estamos hablando del positivismo, de la medicina, la ciencia, el empirismo, y entonces aparece la mujer como protagonista, mostrando su rostro y sus encantos, por ejemplo, al promocionar unas buenas cremas que está usando.

En la página cultural, por ejemplo, se la menciona para señalar las fiestas, para hablar de todo lo que eran los jolgorios en tiempos del gomecismo: las famosas fiestas en Las Delicias, en Maracay, etcétera. También había poesía, y en algunos casos estaba firmada por mujeres. Estoy hablando de prensa oficial.

En el siglo XIX hubo prensa dirigida a la mujer. A partir de 1830 están La Guirnalda, El Canastillo de Costura, entre otros periódicos dirigidos por mujeres, aunque no sabemos con certeza si fueron escritos por ellas. Pensamos que sí, pero por la circunstancia de que la mujer era considerada menor de edad, muchos de estos trabajos no eran firmados de manera directa. Aun así, nos encontramos con prensa dirigida a la mujer desde el siglo XIX.

En el caso de Fantoches, te puedo comentar que la mujer aparece en sus caricaturas tanto para criticar y cuestionar como para despertar una especie de sentimiento por el oficio al cual se dedicaban. Es el caso, por ejemplo, de la prostitución. Leoncio Martínez crea un estereotipo que podríamos llamar “la caraqueña del Silencio”, en contraste con las prostitutas que fueron traídas por el régimen de Gómez, algunas provenientes incluso de Francia. Esta mujer, pues, él se compadece muchísimo de ella. Habla mucho de ellas en Fantoches y las representa realmente como víctimas del régimen. Por otro lado, también se critica muchísimo a la sociedad venezolana de su tiempo, y eso lo vamos a ver representado en las mujeres. El caso, por ejemplo, de las niñas que salían embarazadas muy jovencitas, y entonces aparecían los padres obligándolas a casarse, los novios que decían que ellos no eran los padres de esos niños, etcétera. Pero allí la figura de la mujer está presente, y la puedes observar, sobre todo en esa primera etapa, de 1923 a 1932, donde la mujer juega un papel importante.

En publicaciones como Pitorreos, muchas opiniones aparecen firmadas con seudónimos femeninos. ¿Cómo interpreta usted el uso de estos nombres ficticios en términos de agencia, anonimato y construcción de identidad en la prensa humorística?

No sabemos exactamente quiénes escribían, en algunos casos sí, en otros no. No sabemos con certeza quiénes redactaban esas crónicas o esos poemas, porque el seudónimo y las siglas —las iniciales— sirvieron para ocultar identidades por múltiples razones: porque lo que se estaba escribiendo no iba a ser aceptado, porque la mujer —y te lo comentaba anteriormente en relación con esa condición de minoría de edad— no era que todas fueran consideradas menores de edad, pero en general siempre estaba como detrás del hombre, esa imagen de la mujer, o por lo menos de la mujer tradicional.

En el periódico Pitorreos se publicaba una serie de encuestas dirigidas a recoger la opinión de las mujeres sobre aspectos de la vida cotidiana, las costumbres, lo estético y lo imaginario. ¿Considera usted que este tipo de encuestas eran comunes en los periódicos de la época, y qué función cumplían dentro del humor político y la representación femenina? ¿Tienes registradas alguna referencia de encuestas similares en este período?

Yo no he visto en otro periódico ese tipo de encuestas; por supuesto, me estoy refiriendo a la época. Me atrevería a asegurar que sólo en Pitorreos aparece esta sección extraordinaria. Quizás con la idea o con la intención de revelar gustos, pareceres, características, costumbres y tradiciones de la mujer. Es decir, queríamos saber un poco más de ellas, en una sociedad perfectamente patriarcal, donde el poder estaba en manos de los hombres y las leyes, incluso, se inclinaban hacia la protección masculina, hacia proteger al hombre.

Entonces, ¿cómo piensa esa mujer? ¿A qué público podemos dirigirnos? Es muy interesante, porque no era común. Y te puedo asegurar que no recuerdo haber visto algo parecido o similar en otros periódicos de la época, donde se recogiera la opinión de la mujer. Ya, por supuesto, más adelante —a partir del año treinta y seis y en el cuarenta y uno— cuando vemos la participación de la mujer en la política, esto va cambiando gradualmente, por la misma apertura que se da tras la muerte de Juan Vicente Gómez.

Yo estoy, por supuesto, generalizando. Las particularidades siempre están presentes, siempre existen. Pero en la generalidad de los casos, encontrar, por ejemplo, en El Cojo Ilustrado —esa maravilla de revista cultural— la presencia de la mujer también es evidente. Ya desde el punto de vista de lo que es la cultura: a través de la moda, los trajes, los sombreros, su participación en la vida social, las bodas, la maternidad, etcétera. Y aparecen entonces con la consolidación de lo que es la fotografía como tal; vamos a encontrar ya imágenes de la mujer.

¿Qué pistas tenemos sobre cómo las lectoras recibían o respondían a estas encuestas y contenidos humorísticos? ¿Hay indicios de que se generara una comunidad lectora femenina activa en torno a estos espacios?

Por supuesto que se generó una comunidad de mujeres lectoras. De hecho, recuerdo una caricatura de Leoncio Martínez en Fantoches. Es que Fantoches realmente es tan rico que resulta muy difícil dejarlo de lado, porque en cada uno de los aspectos que tocamos, la mujer está presente.

Estereotipos los hay, y están perfectamente definidos y marcados. Por ejemplo, en Fantoches aparece la figura de la prostituta —como ya te comentaba— en sus distintas versiones: la rica y la pobre, la que se relaciona con los soldaditos y la que está vinculada a los altos jerarcas del régimen gomecista. Ese es uno de los estereotipos femeninos que está presente en Fantoches, y lo vamos a ver a lo largo de los distintos números que fueron circulando y saliendo.

Entre los estereotipos que aparecen en Fantoches está, por ejemplo, el de la viuda. La viuda es un personaje central en las caricaturas de Leoncio Martínez. Vemos a una viuda que le pregunta a un niño —un pregonero— por qué vende Fantoches. Para muchas mujeres muy religiosas y conservadoras, debido al marcado anticlericalismo de Leoncio Martínez, teóricamente les estaba prohibido leer ese periódico, o simplemente no querían hacerlo. Sin embargo, lo leían, porque realmente se hablaba de Fantoches en todas las esquinas de Caracas.

Entonces, esta mujer le pregunta al niño por qué vende eso, que ese periódico es vulgar, que no debería estarlo vendiendo. Y es precisamente una de esas viudas de Leoncio Martínez, que aparece como estereotipo en sus caricaturas. El niño le responde: “Sí lo vendo, porque a las ocho de la mañana ya tengo para el desayuno”.

Y allí vemos esa dualidad: el periódico se vendía tanto, era tan apetecible y famoso, que aunque lo leyeran “por debajo de cuerda”, esta señora lo criticaba y cuestionaba, mientras el niño le explicaba que era tan popular que por eso lo vendía, y que gracias a eso, a las ocho ya tenía para el desayuno.

A esta viuda se la va a ver representada en muchos números de Fantoches, sobre todo en escenas donde conversa con sacerdotes. Ese sacerdote es otro estereotipo recurrente en las caricaturas de Leoncio Martínez: un jesuita. El sacerdote que él representa gráficamente es, precisamente, un jesuita.

Vemos entonces a esta mujer que se acerca al sacerdote para preguntarle qué hacer con todas las cosas que dejó su marido. Y el jesuita le responde: “Tráigalo para acá, para el despacho parroquial, que aquí tenemos espacio para esos muebles, esos cuadros y todas esas cosas”. Allí se configura un estereotipo: la viuda “curera” y el cura que le responde, en función de una visión moral rígida, donde ella piensa que todo es pecado. Incluso le pregunta si puede salir a la calle, porque cree que hacerlo después de enviudar es un pecado.

Además de estos estereotipos femeninos, hay otros personajes que, aunque no son mujeres, son representados de manera afeminada. Es el caso de los que Leoncio Martínez llama “pichones de jesuitas”, miembros de una agrupación política que nace bajo el nombre de Unión Nacional de Estudiantes, germen del futuro partido Acción Nacional, que luego se llamará Partido Social Cristiano COPEI. En sus caricaturas, Leoncio los representa como afeminados. De hecho, hay una caricatura famosa en la que los dibuja como unos patitos, lo que provocó una golpiza por parte de miembros de ese partido, quienes irrumpieron en su imprenta, en la editorial de Fantoches.

Al compartir esta entrevista, la intención es colectivizar las ideas: sacar la historia de los archivos cerrados y ponerla a circular.

Este registro queda aquí como aporte para quienes, como nosotras, se sientan «picaditas por el gusanito de la curiosidad» y deseen continuar explorando las voces que aún vibran en el papel.

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