El humorismo venezolano abre las puertas del siglo XX a través de La Linterna Mágica, un diario humorístico de cuatro páginas y formato tabloide, fundado por Maximiliano Lores (MAX) en enero de 1900. Su nombre está inspirado en la inauguración de las imágenes en movimiento en las primeras proyecciones cinematográficas realizadas en Venezuela, como muestran en su imagen de portada. La imagen sobria de la primera portada va a ser sustituida pocos días después por una más alegre, en donde la mujer que sostiene la linterna adquiere mayor personalidad y detalle con un rostro sonriente. La proyección de una figura de pumpa y levita va a pasar de un bailarín, a un sujeto corriendo detrás de una moneda con el sombrero saltando por los aires, luego será la misma figura cargando una palmera, e irá variando cada cierto tiempo.


El periódico identificado como “humorístico epispástico” va a tener un uso intensivo de las caricaturas, en donde se destaca la participación de Luis Muñoz Tébar (LUMET), uno de los creadores del criollismo gráfico, quién ya había participado en la publicación satírica y crítica al guzmancismo El Delpinismo (1885). También participan Rafael Martínez (RAF) -hermano de Leoncio Martínez (LEO) quién dos décadas después funda Fantonches– y Ramón Muñoz Tébar (RAY), hermano de LUMET. Desde sus primeros números La Linterna Mágica adelantaba la intención de involucrarse en la discusión política reflejando críticamente la realidad social, al reivindicar una posición independiente y favorable a la libertad de expresión, en el contexto de la llegada al poder de Cipriano Castro y el fin de los gobiernos del Liberalismo Amarillo tras una década de crisis continuada. En su primera editorial del 22 de enero de 1900 se afirma “No somos oposicionistas en ninguna forma, ni sistemáticos en ningún sentido; y como amamos la libertad, respetamos las leyes que la garantizan”.
El periódico toma premisas desarrolladas por el historiador insigne del momento, Gil Fortoul, en donde se observa el conflicto político del siglo XIX como una lucha entre facciones por el acceso al poder, que toman el nombre de ideologías -conservadores y liberales- por hacer valer un antagonismo terco frente al contrario, más que por una convicción de ideales o la defensa de las doctrinas respectivas. En la editorial del segundo número del 23 de enero de 1900, responden con su estilo jocoso a las intrigas generadas para que exhiban su posición política, afianzando su cariz independiente y sin la necesidad de adscribirse a algún bando.
¿quién de nuestros lectores, si ya es algo entrado en años, no recuerda haber visto triunfantes a Caracas en junio del 68, y bajo la bandera azul, casi al mismo grupo de hombres que entró también triunfante a la Sultana del Ávila en abril del 70, bajo la bandera amarilla?
¿Y quién no recuerda la revolución amarilla de Colina contra un Gobierno también amarillo el 74; y la de Pulido y Ayala, liberales, contra Valera, liberal; y la Reivindicación y Pulgar Crespo y Santa Ursula y sus once mil vírgenes todos liberales contra liberales?
No se han discutido, pues, principios sino simplemente se ha aspirado al Poder por la fuerza (…) Esta especie de arenga se nos ocurre en vista de una carta anónima que hemos recibido, en la cual se nos insta a que definamos nuestra filiación política. Queda pues, consignada. Ni güelfos, ni gibelinos si ambos yerran; y una u otra cosa, según sea el grado de acierto que en pró de la nación se desenvuelva cualquiera de ellos. Nada del estúpido amén con que engríe el personalismo; nada de la constante negativa con que la oposición sistemática sofoca la razón.
¿Se nos tilda de pasteleros?
¡Y qué! ¿Seremos los únicos en la República?
El político que se crea sin mancha que arroje la primera piedra.
En La Linterna Mágica se ilustra la vida política y social caraqueña entre críticas mordaces y burlas ingeniosas. Se expone una ciudad vaciada mientras sus pobladores se embarcan al caribe en busca de mejores oportunidades, despidiéndose de una tierra caracterizada por el “reclutamiento y el militarismo, sus riquezas y lo guachafistero de sus hijos”. Advierten las presiones ejercidas contra la escritura libre, el continuo déficit del aseo y los servicios públicos, o los problemas de las industrias frente al aumento de impuestos y la pérdida de trabajo de las cigarreras. Realizan sátiras punzantes de escenas cotidianas, como las “maromas” de personajes aduladores para ascender o “conservar el biberón”, la reacción de una mujer frente al acoso en el mercado, la violencia motivada por “el demonio de los celos”, o la crisis constante de los maestros de escuelas sin paga. También destacan la tensión generada por la presión de las potencias europeas y una deuda externa acumulada que, según explica el economista Flores Estrada en el segundo número, sólo ha servido para estimular consumos improductivos e importaciones paliar necesidades inminentes, generando ciclos continuos de un endeudamiento endémico.
La Linterna Mágica logra representar la vida cotidiana y sus problemas, más allá de los vaivenes del poder y las presiones sobre la prensa. En su editorial del jueves 17 de mayo afirman que tienen “la pretensión de creer que la colección de La Linterna Mágica puede leerse en toda época, con la seguridad de encontrar aplicación a cuanto hemos publicado”, para responder a una acusación de “reaccionarios” y a la detención de su redactor Maximiliano Lores en el contexto de la tensión internacional.
Desde octubre de 1900, el periódico comienza a preparar un acto satírico que sería llevado a cabo en los carnavales del año siguiente, para adular de forma burlesca a Alfonso Sacre, un comerciante libanes que se hacía llama el “General Sacre”, regodeándose de una performática militarista. El periódico El Pregonero también forman parte de la organización de la actividad, mientras que un grupo de estudiantes crea la asociación jocosa “Sociedad Glorias del General Sacre” para sumarse a la iniciativa. Aquiles Nazoa registra este hito en su libro Los Humoristas de Caracas de la siguiente manera:
En un valeroso gesto de afirmación civil frente a los improvisados generalatos y coronelatos que pretendían ejercer su dominio de la vida pública, los estudiantes y un grupo intelectuales de Caracas decidieron hacerles en 1901 un escarmiento simbólico. Para ello aprovecharon las fiestas del carnaval y capitalizaron la manía castrense del quincallero libanés Alfonso Sacre, personaje popular que se hacía llamar el General Sacre. Paramentado con los más vistosos arreos de un alto jefe militar, Sacre fue paseado por las calles de Caracas con una comitiva compuesta de sesenta coches y una multitud de estudiantes a caballo, uno de ellos llevando la corona con que se había decidido coronar a Sacre en acto solemne le siguiente 7 de marzo (…) A raíz de la apoteosis de Sacre numerosas personas fueron llevadas a la cárcel y el gobierno decretó la clausura de la Universidad. Su consecuencia más memorable para el humorismo venezolano fue la suspensión del diario “La Linterna Mágica”. (Nazoa, 1972, p. 193)
Este suceso va a pasar a la historia como “La Sacrada”, una referencia que rememora a “La Delpiniada” de 1885 en los tiempos de Guzmán Blanco. Podemos intuir que LUMET como participante de los dos actos satíricos, es uno de los personajes claves de esta tradición del humorismo político venezolano, en donde se exhibe la grandilocuencia del poder recurriendo a la aclamación de personajes populares, con un guiño burlón hacia los gobernantes de turno. Si La Delpiniada convoca al poeta Delpino y Lamas para representar la adulación ilustrada en tiempos de Guzmán, en La Sacrada el juego en torno a la estética militar del comerciante libanés va a ser la forma de referirse a Cipriano Castro.
A partir de diciembre del 2025 en la Galería Rotativa de la Prensa Venezolana está abierta al público una exposición de La Linterna Mágica para ser visitada en el Museo de la Fundación John Boulton. A continuación, les presentamos una selección de las ilustraciones y caricaturas de este diario.
Galería de caricaturas
Fuentes
Nazoa, Aquiles. Los Humoristas de Caracas. Tomo I. Caracas: Monte Ávila Editores, 1972.
Torres, Ildemaro. El Humorismo Gráfico en Venezuela. Caracas: Colección Bicentenario Carabobo, 2022.
Pérez Vila, Manuel. La caricatura política en el siglo XIX. Venezuela: Cuadernos Lagoven, 1979.
La Linterna Mágica (1900-1901). Redactor Maximiliano Lores, pp. 1-4, enero 1900 – febrero 1901. Hemeroteca de la Fundación John Boulton.








