Presentamos el siguiente texto del escritor y periodista venezolano Guillermo Meneses, destacado por sus aportes a la narrativa moderna a través de relatos como La balandra Isabel llegó esta tarde y su participación en publicaciones como la revista Cubagua y los periódicos El Nacional y El Universal entre un amplio legado literario que incluye el nombramiento como Cronista de Caracas en 1965. En esta oportunidad recuperamos un texto para el libro Homenaje a Alfredo Boulton, publicado por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en septiembre de 1987, para reconocer la trayectoria del fotógrafo, creador, investigador de la historia y promotor del arte venezolano que fue Alfredo, quien legó un aporte inconmensurable para la vida creativa de la Venezuela contemporánea.
ALFREDO BOULTON
Nació en condiciones favorables para no ser ni hacer cosa alguna. Ha podido quedarse en hombre de negocios y comerciante con horas libres suficientes para cualquier hobby cómodo. Afortunadamente para él y para todos, se encontró con un destino de artista venezolano que le impidió el desarrollo de los negocios y le negó la holganza frívola. La disciplina de su educación no fue suficiente para negarle voluntad creadora, y el demonio de las artes plásticas le señaló caminos de investigación e interpretación por los cuales llegó a muy valiosa obra de venezolano. Seguramente quiso ser pintor en su primera juventud, pero muy pronto lo acaparó el quehacer de la fotografía. La tierra venezolana fue lo que halló su lente, pero en lugar de establecer trozos de paisaje se vio obligado por el hombre de Venezuela y supo que la tierra estaba marcada de historia. Del peón llanero pasó a Páez, del pescador de Pampatar trazó una línea hasta la antigua ciudad de Nueva Cádiz, que es casi una leyenda de nácar y violencias en el comienzo de la existencia del español sobre la tierra americana. El paisaje no existía sin el hombre ni éste sin el trabajo. Ese trabajo del hombre sobre la tierra daba el sentido de la historia venezolana. La mano que hoy toma las riendas del potro, ha cien años dirigió la suerte de la república, y donde hoy se pastorea, hace un siglo fue la batalla por la libertad. Alfredo Boulton es hombre de hoy para quien el pasado reserva palabras y hallazgos. Sus estudios sobre la pintura en nuestro país parecieron en un momento anecdóticos y eruditos. Ya significan amplísimo trabajo que explica bastante mejor que textos y documentos el sentido de la vida venezolana. Esa obra de Boulton es de las que implican el vivo conocimiento del pueblo, que es lo que justifica la historia apartándola del fatigante sentido de catálogo de catalogación documental. En esta tarea va llegando Boulton a la madurez de sesenta años activos y fecundos, para satisfactoria admiración de los muchos amigos que llevan en si la milagrosa imagen de Venezuela que es historia magnífica: la que surge del pueblo y se hunde en el tiempo para regresar hasta el presente, donde se asienta el rostro velado de lo que va a ser la vida de todos sobre Venezuela eterna. Alfredo Boulton ha trabajado bien a lo largo de sus sesenta años de artista venezolano. Nos complace decirlo en esta fecha, seguros de que continúa decidido la labor que le marcó la vocación para hacer su destino ejemplar. Conforme a la frase frailuna: «Que Dios se lo pague». El trabajo que ha realizado hace de él ejemplo imposible de emular porque es el sello de una vida plena, generosa, sin mezquindad que oscurezca ni premura que interrumpa la serena eficacia de quien va cumpliendo, día tras día, el esfuerzo que corresponde a su propia imagen: la que en el caso de Boulton se resume en la difícil simplicidad de artista venezolano integral. Muy pocos han sabido trabajar tan largamente, tan calladamente, tan generosamente hacia tal alta meta de pueblo. La edad que hoy completa señala tarea rendida a cabalidad. No hay más limpio orgullo para hombre que respete sus pasos sobre la tierra y sobre el tiempo.
GUILLERMO MENESES
Caracas, junio de 1968
Fotografía de portada:
Autorretrato, ca. 1928, Alfredo Boulton. Archivo Fotografía Urbana. Imagen tomada de Prodavinci. © Alberto Vollmer Foundation Inc.









